miércoles, 21 de octubre de 2009

ASÍ NOMÁS LUEGO TIENE QUE SER


Hay ciertas cosas que yo no puedo comprender y en consecuencia me apenan mucho, me interpela la triste realidad en que viven muchos compatriotas, pero lo que más me pesa es la actitud de indiferencia de la gran mayoría. Basta con recorrer algunas calles de Asunción para ver a diario personas que viven en la más absoluta miseria, familias enteras en las calles pidiendo limosna, limpiando parabrisas, recolectando basura.

Me da miedo que veamos todo esto como algo normal. ¿Es normal que los niños estén en las calles? ¿Es normal que una señora con su hijo en brazos se acerque en la ventanilla de un coche pidiendo una moneda? El chofer del colectivo está de mal humor pero… ¿es normal que trabaje 12 horas y que gane sueldo mínimo? ¿Es normal que unos vivan en la abundancia y otros en la más absoluta miseria?, ¿es normal acaso que nos preguntemos sobre la normalidad? El origen del término "normal" es el término latino normalis y se define como "algo que se encuentra en su estado natural, también puede hacerse referencia a aquello que, por su naturaleza, forma y magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano".

Hay hechos terribles que ocurren con frecuencia, a diario, a cada rato, y si no tenemos el sentido crítico de cuestionar y de analizar lo que vemos a diario, podemos acostumbrarnos a verlos como normales. (Peíchande va'êrâ voi).

¿Seguirá siendo normal ver a los abanderados de la política paraguaya rasgándose las vestiduras cuando se pone en tela de juicio sus "derechos", y cotorreando para convencernos de de sus bondades y las buenas intenciones de sus partidos políticos y del sistema social económico que proponen? ¿Cuesta creer que una ciudadanía pasiva les deje la cancha libre para el juego de sus intereses personales, grupales y sectoriales, mientras ante sus narices hay, familias enteras sufriendo lo indecible, desplazadas de sus lugares de origen, instaladas en los bañados, trabajadores que son explotados, indígenas que mueren a causa de agrotóxicos, ancianas vendiendo golosinas en las calles a pleno sol, todo un pueblo, (el de Puerto Casado) sin tierra propia en su propio pueblo, y otras muchas barbaridades de este triste sistema con tantas desigualdades?

Si la lógica que explica lo normal para algunos políticos es el deseo de enriquecerse sin importar el sufrimiento de los demás, no estoy preparado para comprender lo que es "normal", pero si hay otra lógica posible, que nos abra a un nuevo horizonte de esperanza, y para llegar a ella hay que destruir esta "normalidad" tan anormal que nos está matando, no pierdo la esperanza de que un día nos despertemos para construir un Paraguay más humano y fraterno.

Jorge Enrique Corvalán sj


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