La vida se mueve en el ámbito subjetivista
Si nos pusiéramos a pensar queriendo determinar los motivos de muchos males en el comportamiento individual y colectivo de las personas, seguro que nos encontraríamos con el subjetivismo, este es hoy día la filosofía de moda que se impone también en todo los ámbito, mirando un poco en el lado del derecho, en nuestra sociedad apenas se mencionan deberes; pero lo raro es que se exigen continuamente derechos que hace referencia a la total libertad del sujeto para hacer lo que quiera, y con el argumento de que todo tienen que respetar por que es mi derecho. Cada cual se cree con derecho para expresar, realizar e imponer sus deseos pasándose por encima un principio básico para toda convivencia humana y todo civismo: el respeto a la norma no es otra cosa que el respeto a los demás. Esa expresión “hago lo que se me da la gana”- que solemos escuchar muy a menudo en la boca de la gente, es la expresión perfecta de la arbitrariedad del subjetivismo y de su perversión moral. No hace falta ser tan perspicaz para darnos cuenta de que los derechos del subjetivismo no son otra cosa que el derecho del egoísmo, y si se entiende esto, se entiende también donde esta la raíz de muchos males. En nuestra sociedad postmoderna el subjetivismo ha imperado de un manera extraordinaria, esto tiene un explicación ideológica y cultural, hoy día ya no se admite la verdad y el orden moral, con sus principios y valores universales, el único sujeto que tiene derecho es la persona en si ser único, es decir el individuo singular. No es la verdad lo que se debe respetarse sino mi verdad, aunque sea totalmente irracional, no es bien objetivo lo que debemos perseguir, sino mi bien, aunque sea puro egoísmo; y no es la moral común a la naturaleza humana la que se ha de seguir sino mi moral, aunque sea una moral de convivencias. Esta es la mentalidad que inspira una buena parte del ordenamiento jurídico de nuestra sociedad democrática. Si analizamos el sentido de las reformas legales que hoy se presentan en nuestro parlamento, nos daremos cuenta de que va justamente es esta dirección que es la de dar derechos y carta de ciudadanía al subjetivismo moral, y esto va engendrando una cultura de permisividad. Lo grave es que nos esta llevando poco a poco a una desarticulación moral de nuestra sociedad. Nuestra sociedad vive asentado sobre el consenso de principios y valores comunes aceptados por todos, en la que cada uno tiene derecho a inventarse y vivir su propio mundo. Es el individualismo impuesto como forma de vida que lleva en si el germen del nihilismo: nada es valido u verdadero, sino mi propia conveniencia. Es difícil garantizar una un valor firme para convivencia puesto que cada institución ve las cosas a su manera. Esta filosofía es en gran parte destructiva y antirrealista que viene potencia por el mismo poder político, que tiene un parámetro de gran contradicción y no responde a una forma de pensar críticamente sino nos hace pasivos frente a nuestras realidades.
En nuestra sociedad las extendida manifestación del subjetivismo es hablar sin fundamento, la facilidad que tiene la gente juzgar sin tener la menor molestia de investigar o estar seguro del tema, últimamente nos volvemos imprudente a la hora de dar una opinión sobre algo. Esto pasa en nuestra sociedad democrática, en ella proclamamos orgullosamente el pluralismo, y este derecho cualquier persona quiere ejercer en un foro de opinión publica, con la justificación: “esto es mi postura y quédate vos con la tuya”, pero vemos que generalmente detrás de esto no hay ninguna fundamento lógico, y menos todavía para edificar una conciencia de criticidad. Hoy día se confunde el derecho a la libertad de decir lo que uno piensa con la decir lo que se me antoja sin medir la consecuencia. Clásico ejemplo tenemos los medios de comunicación social donde tiene cabida todas las arbitrariedades y excentricidades de un subjetivismo agresivo. Hay el pluralismo de idea es a menudo un lugar donde se encubre la propia enculturación, y el derecho a la libertad de opinión es solamente un pretexto para dar vía libre a las fobia de cada uno, y la pretendida sinceridad en decir lo que uno piensa con ignorancia con el mínimo pudor intelectual. Hoy día nuestra sociedad clama de persona eficiente intelectualmente que pueda ayudar con la luz de su inteligencia a mejor esta controversia intelectual.
Ernesto Ríos
ernestorios252@gmail.com
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