Obs: El escrito fue redactado en el 2007.
Como es sabido, Aristóteles vivió en época en la que necesariamente debía responder a las exigencias de su tiempo. Diseñó, a través de
“La ciudad no se compone solamente de individuos en cierto número, sino de diferentes en especie, y los elementos que la constituyen son desemejantes. No es a modo de militar, a que da valor el número de individuos congregados”[i]. Con esto vemos, que en su idea de sociedad cobra mayor importancia la diversidad de personas que la mera cantidad en un determinado sitio. Esta diversidad, está en función de un todo que debe formarse de elementos heterogéneos, cuya mezcla en oposición, pero en equilibrio, conserve el Estado. Este planteamiento, también descubre un aspecto muy importante como lo es el rechazo a la homogeneidad. Aristóteles, de alguna u otra manera, mantiene una posición bastante escéptica sobre la homogeneidad de los seres. Si lo aceptara, lo haría en pos del todo, no como bien en sí mismo, de hecho no lo acepta[ii].
Ésta valoración de lo diverso, debería adquirir para nosotros un sentido especial. Pues, estamos envueltos en una cultura cada vez más globalizante que busca diluir las distintas manifestaciones culturales. En esta línea, las empresas transnacionales son las que más anhelan implantar una sola cultura para expandir mejor sus productos. Provoca en los consumidores el desprecio a su propia cultura. La existencia de lo diverso, concretamente, las diferentes culturas, nos proporcionaría una mayor libertad de expresión, de respecto al otro que es distinto de mí. Inclusive, nos llevaría a comprender con mayor facilidad las otras expresiones del ser.
Ahora bien, hoy día el no estar a “tono” o en “sintonía” con los demás es motivo de marginación. A diario, nos vemos sumergidos en la necesidad de ser uno más de la colectividad. Esta es a razón por la que considero de capital importancia de crear espacios en los que podamos desarrollar e impulsar la identidad personal. Pero no en el sentido en el que estamos viviendo actualmente, donde casi nadie se conoce ni se saluda. Al contrario, debería ser una individualidad, que, por un lado, propicie el desarrollo de las cualidades personales y que conduzca a ser feliz consigo mismo. Por otro lado, que favorezca la incursión de lo comunitario en su vida. En fin, no caer en los extremos de un aislamiento por completo o en el que todo debe ser comunidad.
En el pensamiento aristotélico, hallamos que lo individual debe estar al servicio de la comunidad. Para el filósofo “es evidente que la más sabia de las leyes sería aquella que consagrado el principio de la propiedad individual, lleva a los ciudadanos a mirar sus bienes como comunes”[iii]. Si bien es cierto, éste planteamiento nos resulta, a primera vista, irrealizable actualmente, sin embargo nos recuerda el estilo de vida que mantuvieron los campesinos paraguayos en las ligas agracias en la década de los 60 - 70. Esto evidencia que el planteamiento de Aristóteles se puede hacer realidad.
Esta propiedad individual de la que habla Aristóteles hoy la llamamos propiedad privada. Existe en el país una cantidad impresionante de tierras en manos de unos pocos sin beneficiar al resto de la población. En este sentido, veo que el planteamiento del estagirita tiene una actualidad que convendría repensarlo. Si se llegáramos, por ejemplo, a un acuerdo de hacer producir esas tierras en beneficios de los más necesitados, el Estado paraguayo saldría favorecido. Disminuiría considerablemente sus gastos y deudas externas. Además, cubriría en gran parte la demanda del consumo local y haría menos necesaria la comprar de productos del exterior. Para que se de esto, es preciso invertir el planteamiento que sostiene el Estado a través del Ministerio de Industria y Comercio que piensa que solamente a través de la exportación de los productos se desarrolla el país, cosa que, a mi parecer, no es la única vía. Si el Estado enfatizara en el consumo local y en segundo plano la exportación obtendría mayores réditos para el sector empobrecido.
En otro orden de cosas, Aristóteles mantiene una cierta duda sobre el planteamiento de Platón a cerca de la educación en su República. La critica con vehemencia: “mediante una buena educación, su República necesitaría muy pocas leyes y que serán inútiles los reglamentos de policía; pero no da educación sino a los guerreros”[iv]. La crítica del filósofo obedece a su preocupación por el modo de subsistencia de los labradores en una comunidad si no obtienen los derechos políticos.
El tema de la educación, en nuestro país, es un asunto muy complicado, por esa razón da mucho que hablar. Tanto en
En el capitulo III, siempre del Libro II, encontramos una serie de objeciones de Aristóteles a las leyes propuestas por Platón en su República. Por ejemplo, cuando Platón habla que la propiedad debe llegar hasta satisfacer las necesidades de una vida sobria. Aristóteles dice que debía haber añadido vivir sobria y liberalmente. Porque liberalidad sólo procede de la opulencia y de la miseria la sobriedad, para así llegar a un punto medio de los placeres lícitos. Esto nos rebela, en cierto sentido, que su pensamiento lo desarrolla sobre la base del planteamiento de Platón.
En contraposición a
Ahora bien, Aristóteles califica el gobierno de “
En otro orden de ideas, a los sistemas de Fáleas de Calcedonia, Aristóteles ve como peligrosas las instituciones que se limiten a asegurar el bienestar interior de Estado, descuidando el sistema de relaciones con los pueblos vecinos. Esto demuestra que en su idea de sociedad no se limita a cuidar de los aspectos locales, sino más bien traspasa las fronteras. A esto subyace la idea de fondo que consiste en conquistar otros pueblos vecinos para expandir la sociedad.
Para Aristóteles la división de los ciudadanos en la constitución de Hipodamus de Mileto no le resulta convincente; “los artesanos, los labradores y los guerreros toman parte igual en los negocios públicos, pero los primeros sin armas, los segundos sin armas y sin tierras, vienen a ser esclavos de los terceros”. Ve imposible que todos puedan participar en igual medida en la gestión de los negocios. Esto se entiende teniendo en cuenta que Aristóteles se mueve dentro del parámetro de ¿quién es superior? y ¿quién es inferior?
En el examen de la constitución de Lacedonia la postura del estagirita es sumamente crítica, así como también alaba algunos aspectos de la misma, aunque pone en tela de juicio otros. Por ejemplo, encuentra que las constituciones favorecen la desigualdad de la riqueza: “disfrutan bienes inmensos, mientras otros casi nada poseen”[vi]. Esto nos lleva a pensar que si estuviera Aristóteles hoy en nuestro país, no dejaría escapar una ocasión para denunciar la gran desigualdad en la que estamos viviendo.
“No hay allí tesoro público y los impuestos se pagan tarde y mal (...) el Estado es pobre y el particular avaro y rico”[vii]. Esta dura crítica hecha por Aristóteles, nos recuerda nuestra realidad paraguaya, en la que los empresarios son más poderosos que el propio Estado, lo cual dificulta seriamente a la hora de gobernar. No solamente eso, sino también nos remite a los proyectos de privatización de los entes públicos pensado recientemente. La propuesta era que pasaran en manos de instituciones privadas los bienes del Estado, cosa que Aristóteles no consideraría oportuno. Dicha crítica, nos revela también que Aristóteles es de la idea de que el Estado debe poseer el control sobre los particulares.
Otra crítica que hace es a la constitución cartaginesa que permite a sus ciudadanos ocupar diversos cargos y honores. “Es aún digno de censura el afán de acumular empleos y honores, que en Cartago se considera como la mayor distinción, porque un hombre no puede hacer bien al mismo tiempo más de una cosa”[viii]. Ya Platón había visto que es mejor hacer bien una sola cosa que estar en varias. Aristóteles lo vuelve a retomar y a poner el acento de advertencia, pues seguro lo habrá visto como una amenaza contra el Estado. En este sentido, también hoy nosotros sufrimos serios problemas a causa de que algunos políticos figuran en dos o tres puestos de trabajo sin cumplir bien ninguno, pero cobrando el sueldo a cabalidad.
Finalmente, considero de vital importancia, lo visto en el libro II, pues podría ayudarnos a pensar juntos nuestra realidad. Aunque el contexto de Aristóteles no fue lo mismo que el nuestro, sin embargo él sigue teniendo cosas que decirnos. La clave esta en cómo analizamos su obra.
Jorge Martín Benítez, sj. (4to. ISEHF
[i] Aristóteles. “
[ii] Ojo, no es que él no acepte la unidad, sino la unidad en el sentido de la uniformidad lo que no admite.
[iii] Ibid. Pág. 38.
[iv] Ibid. Pág. 40.
[v] Freire Paulo. “Pedagogía del oprimido”. Edigraf. Buenos Aires. 1974. Pág. 246.
[vi] Ibid. Pág. 54.
[vii] Ibid. Pág. 58.
[viii] Ibid. Pág. 63.

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